
Nació y creció en Maipú, y no como un dato biográfico menor, sino como una marca identitaria que atraviesa toda su carrera. “Toda mi vida viví en la Villa Los Héroes de Maipú”, dice con naturalidad, como quien enumera algo obvio, pero fundamental. Allí, entre pasajes conocidos y amigos de infancia, comenzó una relación temprana y definitiva con la pelota. No fue una promesa precoz ni un proyecto planificado. Fue barrio, fue juego, fue pertenencia.

El primer espacio donde esa pasión tomó forma fue el Club Social y Deportivo Ricardo Barahona, ubicado literalmente detrás de su casa.
“Ahí fue la primera vez que me puse la camiseta de un equipo, que defendí un club. Crecí ahí, tengo los mejores recuerdos”, relata.
El club no solo le entregó minutos de juego; le dio una identidad. Fines de semana completos en la cancha, viendo todas las series, rodeado de talentos que muchas veces no encontraron el camino profesional, pero que construyeron una comunidad viva. “Hasta el día de hoy mantengo amistades muy importantes que nacieron en el club”, agrega, subrayando un vínculo que no se rompe con el paso del tiempo ni con la distancia.
Del futsal amateur a la élite nacional
Su llegada a Palestino también tiene sello maipucino. No fue casualidad ni contacto privilegiado, sino una instancia de futsal escolar organizada en la comuna. “Nos llevaron a varios chicos de distintos colegios a realizar pruebas”, recuerda. De ahí, los elegidos comenzaron a entrenar con el plantel adulto. El contexto no podía ser más exigente: Palestino era el campeón vigente.
“Creo que fue el mejor lugar al que pude haber llegado para iniciarme en la disciplina”, afirma.
Y no solo se integró, revalidó el título en 2013 y disputó la Copa Libertadores, compartiendo camarín con seleccionados nacionales.
Luego vendría un recorrido amplio por otras grandes y prestigiosas tiendas nacionales como Cobresal, Colo-Colo, Everton, etapas que lo formaron en un contexto muy distinto al actual. “Cuando me inicié en la disciplina, era tremendamente amateur”, reconoce. Canchas en mal estado, pocas condiciones, frío, pelotas deficientes. Pero también una enseñanza que hoy considera clave: entrenar sin excusas. “Ir, entrenar y buscar mejorar todos los días un poquito más, independientemente de las condiciones”. Ese espíritu, forjado en clubes y gimnasios municipales, se conecta directamente con su origen barrial.
El deporte también fue una herramienta de movilidad social.
“Pude estudiar gracias al deporte”, enfatiza.
En la Universidad Central, como capitán, levantó el título de las Ligas de Educación Superior 2018, venciendo a la Universidad de Chile. Más allá del logro, destaca el impacto colectivo: “Varios compañeros comenzaron a practicar la disciplina ya en la universidad y después pudieron saltar a distintos clubes”. Formación, oportunidad y proyección, en una misma ecuación.
En 2018, cerró su etapa en Chile defendiendo a la Universidad de Chile, con títulos y clasificación a la Copa Libertadores 2019. “Fue el torneo con mejor organización y competitividad que me tocó jugar en Chile”, afirma. Ese campeonato fue, además, la antesala de un salto que parecía lejano, el extranjero.
Proyección internacional

En 2019, llegó a Newell’s Old Boys de Rosario, Argentina. Un país donde el futsal se vive con otra intensidad. “Al principio me costó darme cuenta de dónde estaba y lo que significaba”, confiesa. Con el tiempo, entendió la responsabilidad: “Representar a tu país, a tu comuna, a muchos jugadores que sueñan con salir”.
Y ahí aparece Maipú otra vez.
“Intento llevar el ADN del jugador chileno y el barrio maipucino a otro escenario”, dice, con profunda convicción.
Los ascensos con Newell’s y la Supercopa 2021 marcaron un antes y un después. La final ante San Lorenzo, campeón de Libertadores, fue una derrota reveladora. “Ese partido me hizo entender que había que empezar a hacer cosas distintas para el beneficio de mi carrera”. Un golpe necesario para crecer.
Desde 2023 defiende a Ferro Carril Oeste, consolidado en una liga que define como una de las más competitivas del mundo.
Volver al origen: Maipú como semillero y destino
Aun así, su mirada vuelve siempre a Maipú. Cree que el desarrollo deportivo debe partir en los colegios, con infraestructura, profesionales capacitados y competencia real.
“El colegio es uno de los lugares más importantes para desarrollar talentos”, sostiene, recordando cuando lo sacaban de clases para representar a su establecimiento.
El cierre es un mensaje directo a su gente. “Soy fiel creyente de que Maipú es una cuna de deportistas”, afirma. Sueña con devolver lo recibido y deja un consejo claro a los jóvenes:
“Perseverar, entrenar incluso en los días difíciles, pedir ayuda cuando sea necesario y no olvidar nunca de dónde vienen”.
Porque su historia lo confirma, Maipú no es solo el lugar donde nació, es el motor que lo empuja cada vez que entra a la cancha.


José Antonio Lizana Arce es un escritor maipucino y periodista deportivo, autor de seis libros sobre la memoria deportiva en Chile.
Ceacheí. Palabra de campeón (2008), Rayando la cancha (2009), Mojando la camiseta (2010), Pisando la pelota (2014), Pelota en la(s) red(es) social(es) (2018) y Más allá de la cancha (2022).

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