
A las 7:30 de la soleada mañana del 16 de diciembre, grupos pequeños de familias salían de manera silenciosa de sus viviendas, a cuyas puertas ya se apostaban retroexcavadoras, equipos de seguridad, Carabineros y la PDI, ante la presencia y supervisión del delegado presidencial Gonzalo Durán y el alcalde Tomás Vodanovic. Se daba inicio así a la operación de cierre y erradicación del Campamento El Trébol, situado en el eje de Camino a Melipilla con Los Pajaritos. Asentamiento que comenzó a conformarse en 2021 y que es uno de los cuatro campamentos ubicados en la zona convergente.
Presenciar un desalojo, una demolición, escuchar el rugido de las maquinarias exterminadoras, la destrucción de un hogar —un refugio, por precario que sea— no es un espectáculo que pueda observarse sin que emerja una reflexión sobre la miseria, la pobreza y el abandono en que viven seres humanos con los que podemos cruzar nuestras vidas en distintas circunstancias.
En “El Trébol”, donde por espacio de cinco años han habitado familias de distintas procedencias, se iniciaron —bajo la atenta observación de vecinos, transeúntes y automovilistas— los trabajos de desalojo y demolición definitiva del lugar.
Tras la intervención de las máquinas demoledoras y la polución que inundó el ambiente, se fueron amontonando los restos de lo que fuera la morada de casi 400 personas en situación de migración irregular, de las cuales un 94 % es de nacionalidad venezolana y colombiana.
El terreno en que se levantó este campamento o toma corresponde a un Bien Nacional de Uso Público (BNUP), administrado por el municipio, aunque la propiedad es del Estado.
Allí encontramos a Yesenia, quien se dirigía con uno de sus nietos a la llamada Zona Cero de la operación, donde se congregaban las personas evacuadas durante la jornada para ser trasladadas a un albergue.
Madre de ocho hijos, su actitud era serena, pero sus ojos reflejaban una incertidumbre palpable. En sus escuetas palabras se percibía la angustia de quien intenta ofrecer certezas cuando, en realidad, solo tiene preguntas sin respuestas.
La Batalla: ¿Usted había sido informada de este desalojo?
Yesenia: Sí, hace tiempo nos dijeron.
La Batalla: ¿Sabe dónde será trasladada?
Yesenia: A un albergue, pero no sé dónde queda.
La Batalla: ¿Y después?
Yesenia: …… (solo sonríe)
A su lado camina Yesibel.
La Batalla: ¿Qué edad tiene Yesibel?
Yesibel: 23 años. Vivo hace un año aquí, no sé dónde nos van a llevar, creo que es en Maipú.
El tratamiento prolijo y humano de parte del municipio de Maipú
Una acción previa, ordenada y rigurosamente planificada junto a los habitantes de esta zona fue la antesala de esta operación, según lo señaló la máxima autoridad de la comuna, Tomás Vodanovic, quien estuvo presente durante el transcurso del desalojo.
Trabajando en coordinación con los distintos equipos y direcciones municipales, junto al apoyo de Carabineros y la PDI, los acontecimientos se desarrollaron sin signos de violencia ni conflictos, puesto que la mayoría de los hogares se encontraban vacíos luego de que unos 70 de los 110 totales habían sido evacuados previamente, producto de una acuciosa labor previa, concretada de manera respetuosa por parte del municipio local.
Con este fin, la planificación del operativo contempló un plan de apoyo consistente en el financiamiento de arriendo temporal por cuatro meses (pago directo al dueño de la propiedad), destinado a familias con niños y niñas, adultos mayores y personas en situación de discapacidad. Para el resto de las personas se dispuso el albergue temporal ubicado en el Estadio Municipal Santiago Bueras, a unos 700 metros de la Plaza de Armas de Maipú.
Asimismo, se consideró el traslado de enseres para todos los habitantes catastrados que lo requirieran, beneficio que no contempla materiales de construcción ni traslados a otros campamentos, y que se mantendrá disponible durante todo el mes de enero.
No solo la protección de niños y niñas y la dignidad de las personas fueron resguardadas en este operativo; también las mascotas concentraron el interés de los equipos encargados.
Al respecto, Vania Rammsy, directora de la Dirección de Inspección de la Municipalidad de Maipú, señaló a La Batalla:
“Nosotros, como Dirección de Inspección, tenemos un departamento de Tenencia Responsable de Mascotas, comúnmente conocido como zoonosis, que levantó un catastro de 76 animales entre perros y gatos vinculados a las familias del campamento. A partir de eso, se trabajó en dos aristas: fomentar la adopción y, por otro lado, promover hogares temporales, es decir, buscar y catastrar familias interesadas en ser hogar temporal para trasladar a los animales que podamos rescatar. Como municipio, entregamos frazadas, camitas y alimento durante el período en que se les ubica un hogar definitivo”.
Durante el desalojo aparecieron perritos que no estaban en el conteo:
“Hoy día nos dimos cuenta de que hay un poco más de los catastrados, porque son perritos comunitarios que no son de nadie y de los cuales nos tenemos que hacer cargo, llevándolos a los caniles municipales”, concluyó Vania Rammsy.
Maipú ha dado un primer paso en el reconocimiento de un problema social que ha afectado, en primer término, a los habitantes de este campamento, quienes han permanecido bajo las inclemencias del tiempo, hacinados en unos pocos metros cuadrados, en viviendas mal construidas, húmedas y con filtraciones, normalizando el miedo y la inseguridad en espacios donde la delincuencia también se apoderó de la convivencia, sabiendo que su peor cara siempre se expresa contra los más desamparados.
Las incertezas hacia el futuro
Queda ahora resolver las dudas respecto del destino posterior, cuando se agote el plazo de ayuda comprometida por las autoridades. En esta tarea, junto con la sensibilidad de las autoridades comunales, debe existir un fuerte y activo apoyo del Gobierno y del Estado para hacerse cargo y reaccionar frente a este problema, que se suma al gran déficit habitacional del país, y sobre el cual se han hecho tantas promesas escritas en el aire.
Este hito logrado hoy por el municipio de Maipú constituye un precedente valioso en la forma de abordar un tema complejo, considerando a las personas que, por distintas razones, llegaron a esta condición. Sin embargo, la tarea no está terminada si existe una regresión de lo avanzado y la solución se limita a un desplazamiento del problema hacia la calle o la instalación de nuevos asentamientos en otros lugares.
Ha sido duro internarse en la mañana de este martes de diciembre —época prenavideña— en las habitaciones abandonadas de este campamento y pensar que, en medio de esa desolación, hubo refugios fríos, frágiles y hasta insalubres, desde cuyos intersticios se miró la desesperanza de una vida que corría veloz a sus espaldas.
Tratar esta situación a escala humana no es una excusa para dejar de perseguir y aplicar la ley a quienes cometen delitos amparados en la clandestinidad de sectores que, bajo el manto de la pobreza de los campamentos, se transforman en guetos inaccesibles al margen de la ley.
Esta historia de migración y pobreza no se construyó de un día para otro, como tampoco la aparición de campamentos. Lo que faltaba —y hoy se vuelve una señal significativa desde Maipú— es la voluntad que se ha hecho presente para iniciar un camino de solución.


Periodista U. de Chile.
Magister en Educación.
Directora Asociación Profesores de Francés de Chile.

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