
El Club Gracias a la Vida cerró seis meses de ejercicios, autocuidado y compañía en el barrio Sol Poniente. Su presidenta, que lleva unos 25 años al frente de la organización, visita a las socias para animarlas a participar y reclama una presencia más cercana de las autoridades.
A María Altamirano no le basta con abrir la sede y esperar que lleguen las socias. Si alguna está desanimada o lleva tiempo sin aparecer, va a su casa, conversa con ella y la invita a volver.
Así ha mantenido en marcha al Club de Adulto Mayor Gracias a la Vida, en la Villa San Luis, barrio Sol Poniente, donde este miércoles 28 de octubre las participantes cerraron un taller de kinesiología que las reunió por seis meses.
La Batalla estuvo en la sede de Futaleufú 2031 y compartió una jornada en la que las mujeres hablaron de sus avances, recordaron los ejercicios y agradecieron el espacio que han construido juntas.
También quedó a la vista el cariño hacia María, una dirigenta que lleva unos 25 años como presidenta y que conoce las dificultades que enfrentan sus compañeras para seguir participando.


En una población que suele cargar con el estigma y donde sus habitantes resienten la distancia de las autoridades, este encuentro mostró el trabajo que hacen sus propias organizaciones por las personas mayores.
Detrás de las clases hubo una profesional, recursos para desarrollar el proyecto y una presidenta pendiente de que ninguna se quedara en la casa por falta de ánimo.
“Yo voy a las casas, las animo”, explicó María.
Las busca, insiste y las convence de que pueden participar, incluso cuando ellas mismas lo ponen en duda.
Moverse con más confianza

El proyecto “Fortalecimiento físico y funcional de mujeres adultas mayores a través de la kinesiología comunitaria” fue financiado por el Gobierno de Santiago mediante el Fondo Comunidad Activa, con aprobación del Consejo Regional Metropolitano.
La kinesióloga Carla Brito Amaro acompañó las sesiones, que incluyeron ejercicios de movilidad, fuerza y equilibrio, junto con actividades de autocuidado y prevención de caídas.
En el cierre, las participantes explicaron qué les había servido y qué se llevaban para seguir practicando.

Una de ellas recordó que al comienzo le costaba sentarse y levantarse de una silla. Con las clases pudo hacerlo con mayor facilidad.
Otra contó que, cuando se siente adolorida en su casa, vuelve a los movimientos que aprendió en el taller.
“Hago los ejercicios, empiezo a mover tal cual como hacíamos aquí, me siento, me paro”, relató.
El baile y los ejercicios estuvieron entre las actividades más valoradas.


También la posibilidad de salir, encontrarse y compartir con otras mujeres.
Las conversaciones entre la kinesióloga y las participantes dieron cuenta de esa confianza: conocían sus dificultades, reconocían el esfuerzo de cada una y celebraban que siguieran intentándolo.
Las socias recibieron además implementos para continuar ejercitándose en sus hogares, una forma de dar continuidad al trabajo después de estos seis meses.
Una presidenta que conoce a sus compañeras

María se mostró contenta y orgullosa, aunque al hablar de la historia del club también aparecieron las ausencias. Varias socias han fallecido y otras no pudieron asistir al cierre porque estaban enfermas.
“La pena nomás es que se van yendo, se van yendo, y ahí tenemos que salir a buscar socias nuevas o llegan solitas. Pero es maravilloso trabajar”, expresó.
Mantener la organización ha significado acompañar esas pérdidas y recibir a quienes se incorporan. En esa tarea, María cuenta con una larga trayectoria dirigencial y el apoyo de su familia, a la que también reconoció en la conversación.
“Me tienen mucho cariño, así como yo también las quiero, y una confianza única”, dijo sobre sus compañeras. Ese afecto se hizo evidente en la jornada, en la cercanía con que se trataban y en los agradecimientos que recibió por su trabajo.
Las invitaciones que quedan esperando

La satisfacción por el taller no impidió que María planteara una molestia. Para las organizaciones de la Villa San Luis, conseguir que las autoridades se acerquen sigue siendo una tarea pendiente.
La presidenta afirmó que han invitado al alcalde a sus actividades, pero que no ha concurrido. En este cierre tampoco hubo presencia municipal.
“Nosotros aquí a nuestro alcalde siempre le hemos invitado, jamás ha venido. Del municipio, mire, ahora no hay nadie”, señaló.
También habían invitado a representantes del Gobierno Regional. María reconoció que podían tener otros compromisos, pero explicó lo que significa preparar una actividad y quedarse esperando a quienes fueron convocados.
“Uno se siente mal cuando uno invita y no llegan. ‘¿En qué fallaríamos?’. Eso es lo que uno piensa al tiro”, expresó.
La ausencia de autoridades no detuvo el cierre ni el trabajo del club. María ya anunció que obtuvieron un nuevo proyecto para el próximo año. Las socias tendrán otra oportunidad para reunirse y seguir cuidándose, y ella continuará pendiente de las que falten, acercándose a sus casas para decirles que vuelvan.














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