
Marlie Fuentes Palacios, 45 años, diseñadora chilena radicada en Inglaterra desde hace casi dos décadas, lleva el sello creativo de quien ha sabido construir un camino propio lejos de casa. Titulada en Diseño de Equipamiento por la Universidad de La Serena, Chile, cruzó el Atlántico hace 19 años para continuar su formación en la prestigiosa Central Saint Martins de Londres.

En ese país echó raíces: formó familia, es madre de dos hijos adolescentes y ha
consolidado una carrera como diseñadora de moda, creando, confeccionando e investigando materiales y formas para dar vida a piezas únicas.
En diciembre de 2025 presentó su más reciente colección, “Glass Town”, en las vitrinas de la Gibberd Art Gallery de Harlow, Essex. Sobre esta obra, que fusiona poesía visual, arquitectura textil y memoria territorial-

Este es un breve repaso en la historia de Marlie, que conversó desde Inglaterra con la batalla, sobre su arte, su vida, la distancia y las huellas de su país.
¿Qué huellas de tu país de origen siguen presentes en tu mirada creativa?
Las huellas de mi país que naturalmente aparecen en mi creación es la formación iconográfica a través de la unión de bloques de diferentes colores, unidos por un delineado en negro. Estética que se puede observar, por ejemplo, en el arte pre- colombino chileno o incluso murales o grafiti callejero.
¿Hace cuánto tiempo vives fuera de Chile y cómo ha influido ese recorrido personal en tu forma de entender la moda como lenguaje artístico?
Vivo en Inglaterra hace 18 años y mi recorrido personal ha sido esencial en mi manera de crear y entender el vestuario. Mi propuesta nace principalmente de la observación de mi entorno físico espacial, social y humano.
Además, aquí en Inglaterra, la moda se comprende como un elemento más de
expresión artística y cultural.
En Glass Town se percibe una reflexión profunda sobre el espacio y el desplazamiento. ¿Cómo nace tu proceso creativo y qué momentos de tu propia experiencia vital suelen inspirarlo?
La verdad es que el origen de mi proceso creativo se lo debo a mi Escuela de Diseño de La Universidad de La Serena, en Chile, donde aprendí la observación del espacio público como una de las principales fuentes de inspiración. Desde entonces cada momento del día puede transformarse en la semilla de un proyecto creativo
Tu obra dialoga con el entorno urbano y con la sensación de tránsito.
¿Qué te ha enseñado vivir en Inglaterra —y particularmente entre Essex y Londres— sobre el movimiento, la identidad y la pertenencia?
Cuando llegué a vivir a Londres observé que un elemento que se repetía en la mayoría de las casas, iglesias y edificios era las ventanas de vitral. Y ese rasgo arquitectónico se volvió la base de mi creación, intentando traducir la técnica del vitral al lenguaje del vestuario
Llevo 18 años desarrollando mi propia técnica.
Luego, al mudarme a Essex descubrí un paisaje completamente nuevo, en que la naturaleza convive perfectamente con la urbanización, el concreto y la civilización, dando origen a la propuesta formal de mi última colección.

Como artista que ha construido su camino lejos de su país natal, ¿Qué rol ha jugado la familia de origen —ya sea cercana o a la distancia— en tu crecimiento personal y profesional?
Mi familia en Chile es mi base emocional, es el pilar con el que siempre puedo contar y sin el cual no me imagino haciendo el camino que he construido, pero también mi familia es mi base de nutrición artística ya que todos en mi familia tienen talentos creativos. Estamos físicamente lejos, pero la comunicación y conexión diaria retroalimenta mi experiencia diaria.
La delicadeza y la arquitectura conviven en tus piezas. ¿Cómo equilibras la técnica, la emoción y la fragilidad humana dentro de tu trabajo?
Ayuda mucho el estar enamorada de cada una de las etapas del proceso, es decir:
Observación, dibujo, elegir los materiales, tocar los materiales y confeccionar los vestidos con mis propias manos.
Mirando tu trayectoria, ¿Qué aprendizajes de vida te ha regalado esta experiencia de creación y migración?
Infinitos. El principal sería el nunca rendirse y confiar en que cuando uno quiere crear algo, ese algo también quiere ser creado a través de uno.
Finalmente, ¿Qué te gustaría que el público sienta o se lleve consigo después de encontrarse con Glass Town?
Me gustaría que, a partir de observar y sobre todo usar mis vestidos, su imaginación continuara amplificando y creando esta Ciudad de Cristal.

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