
La historia de Carlos Ortega, un joven conocido en redes sociales por sus videos ofrenciendo productos en tendencia a bajo costo y fundador de «Mayte Emporio», fue dada a conocer recientemente en una extensa conversación con Francois Pouzet en su canal de YouTube dedicado a dar a conocer emprendedores y comerciantes.
Durante la conversación, el joven repasó sus años vendiendo en Maipú, el impacto que tuvieron el estallido social y la pandemia en su actividad, y el difícil camino que lo llevó desde las ventas en la Plaza de Maipú hasta convertirse en importador y dueño de un negocio con decenas de trabajadores.
Vocación empresarial
«Mi mamá siempre me enseñó de chico a trabajar», recuerda Carlos Ortega. «Nunca pasé la necesidad o lo vi de mala manera, porque siempre trabajé. A lo mejor no pagaba mis gustos, pero siempre tenía para comer».
Esa costumbre comenzó en su infancia. Primero vendía tazos, juguetes y distintas cosas entre compañeros.
El colegio de Maipú donde comenzó «a trabajar»
Según relata, para séptimo básico su abuela logró conseguirle un cupo con gratuidad en un colegio de Maipú. El establecimiento era grande y eso le abrió una oportunidad que no tardó en aprovechar.
«Ponía a todos mis compañeros a vender cosas porque a mí me daba vergüenza», cuenta.
La rutina era casi empresarial para un estudiante de esa edad. Llegaba temprano con bolsos cargados de mercadería que compraba el día anterior en Fruna y organizaba las ventas dentro del colegio.
«Todos los días iba a comprar cosas a la Fruna. Ya no era jugar a trabajar. Ya era trabajo», recuerda.
Asegura que en ese período podía llegar a ganar entre 40 mil y 50 mil pesos en una jornada, una cifra que lo convenció de seguir vinculado al comercio.
Las tardes en la Plaza de Maipú
Pero las ventas no terminaban cuando sonaba el timbre de salida.
«Yo trabajaba en la Plaza de Maipú vendiendo pinches, cintillos, coles, todas esas cositas», relata.
Después de clases se trasladaba al centro de la comuna para seguir trabajando. Durante cerca de dos años, el comercio informal en torno a la Plaza de Maipú fue parte de su rutina diaria. Ahí aprendió a tratar con clientes, a identificar qué productos tenían salida y a moverse en un entorno donde la competencia era constante.
También pasó por otra experiencia ligada al comercio informal. Reconoce haber trabajado un tiempo como prestamista.
«No lo recomiendo», afirma.
El golpe del estallido social y la pandemia
La Plaza de Maipú fue, en la práctica, su principal escuela de negocios. Sin estudios de administración ni cursos especializados -es más, confesó haber dejado los estudios en primero medio-, fue aprendiendo en terreno, observando qué se vendía, cuánto estaba dispuesta a pagar la gente y cómo adaptarse a los cambios del mercado.
Ese proceso, sin embargo, se vio golpeado por el estallido social de 2019.
«La Plaza de Maipú no se pudo trabajar», recuerda.
Explica que el sector se convirtió en un punto frecuente de manifestaciones y enfrentamientos, afectando directamente la actividad comercial.
«Quedaba la embarrada prácticamente todos los días».
Según relata, las ventas comenzaron a caer de manera importante y la situación empeoró con la llegada de la pandemia.
«Con el estallido social murieron prácticamente las ventas de Maipú», sostiene.
Buscando una oportunidad: Redes sociales, China y el crecimiento del negocio
Frente a ese escenario comenzó a buscar alternativas. Su intención inicial no era instalarse en otra comuna ni expandirse, sino encontrar productos que pudiera vender por internet. Esa búsqueda lo llevó a Estación Central, donde la gente se reunía a comprar la mercadería que escaseaba en supermercados.
«Me vine a buscar algo para vender por internet, que fueron cobertores y calcetas con chiporro», recuerda.
Allí llegó su encuentro providencial con un comersiante asiático que le suministró los productos que importaba en contenedores. Lo que vino después es la parte más conocida de su historia: la creación de contenido en redes sociales -con TikTok como puntal-, la apertura de sucursales en Estación Central y Temuco -con planes de expansión a Maipú-, los viajes a China y el crecimiento de un negocio que hoy emplea a cerca de 60 trabajadores.
Pero cuando se le pregunta dónde empezó todo, su relato vuelve una y otra vez a los mismos lugares: el colegio donde organizaba a sus compañeros para vender dulces y la Plaza de Maipú donde pasaba las tardes ofreciendo pinches, coles y cintillos después de clases.
Ahí, mucho antes de los seguidores y las importaciones, comenzó a formarse la historia que hoy sigue construyendo.



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