
Por Guillermo del Porto
En la conmemoración del día del trabajo, nadie puede negar que a usted le ha tocado la mayor carga laboral en la instalación del nuevo elenco que dirige los destinos de Chile desde el Palacio de la Moneda, poder político, y el vetusto edificio de teatinos 120, poder de la billetera fiscal, de líneas art déco, con pretensiones de mini rascacielos neoyorquino.
Todos recuerdan a Usted, se lo aseguro, desde su tiempo, llamémoslos de sub-20, cuando consigue fama domesticando las salvajes leyes donde las invisibles manos del mercado determinan los precios de los bienes que se demandan y se ofrecen. Fue usted un hombre audaz qué duda cabe. A la oferta y la demanda de los pollos se les dio vacaciones, y un par de gruesos empresarios acordaron subir los precios que pagaban las dueñas de casa en los supermercados de las grandes tiendas de almaceneros.
Luego, fue el turno de los medicamentos. Aquellos productos son mercancías que nadie desea comprar, pero valga la redundancia, no hay más remedio que comprarlos. Fue poco elegante, pero utilidades insospechadas para mercaderes que se hacinaban en las escalinatas del templo de la salud. No solamente la necesidad tiene cara de hereje, también la de un profesional contratado para hacer un trabajo un tanto deleznable, coludir a lo más granado de nuestros empresarios del papel confort, para amañar los precios de los pañales, le concedo la delicadeza de no hacer diferencias ni discriminación alguna entre los pañales que usan los niños o los más viejos.
Hay más, pero para aquella época gloriosa dejémoslo aquí. Hoy, debe usted reconocerlo, ha alcanzado la estatura propia de una generación dorada. Ya no se trata de coludir a empresarios de un sector de la economía u otro, no, señor, Se trata de la titánica tarea prometida en campaña de coludir a todo el gran empresariado para mayor gloria de una ideología economicista que se creía extinguida después del morrocotudo fracaso de la década 1974 a 1984, que sucumbió bajo el oprobio del hambre, mitigado con planes de empleo mínimo, (PEM), y para jefe de hogar, (POJH). La migración de más de medio millón de chilenos a cualquier país del mundo, mientras se vendían a precio vil decenas de empresas del estado.
No le deseo mal en lo personal, ministro, y para ello no puedo dejar de obsequiarle para que sea prudente en su andar el recuerdo del triste fin que tuvo su colega ministro de hacienda de la época, que quiso hacer y administrar lo que usted pretende nuevamente con la ley que envió Kast al Congreso. Rolf Lüders, ministro de hacienda, sometido a prisión preventiva por orden de la justicia del crimen entre marzo y agosto de 1983, en el anexo cárcel capuchinos de gendarmería de Chile.
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