
Nolberto Salinas R.
El reciente incendio que destruyó el recinto del Teatro Municipal de Maipú no debe dejarnos indiferentes. Sin embargo, en medio del impacto de la emergencia, debemos evitar transformar su reconstrucción en una suerte de «Notre Dame maipucina», donde la pirotecnia mediática, los discursos apresurados o llamados a colectas simbólicas pretendan ocultar el verdadero fondo de la discusión.
Hagamos memoria con honestidad. Lo que ocurrió en la avenida Los Pajaritos no destruyó una “catedral de la cultura”. Lo que se quemó fue un espacio adaptado —en el mismo terreno donde funcionó el histórico supermercado El Toqui, destruido también en su momento por las llamas— que operó por años como un salón de eventos o espacio multipropósito, pero distando enormemente de lo que debió ser siempre un verdadero Teatro Municipal. Distintas administraciones municipales postergaron una inversión de fondo, usando el inmueble para salir del paso sin otorgarle jamás la centralidad ni la envergadura cultural que Maipú necesita.
Por lo mismo, pretender abordar este episodio mediante «teletones» comunales o colectas para reunir fondos resulta ser un acto de populismo irresponsable. La infraestructura pública no se levanta a punta de caridad ni traspasándole la responsabilidad financiera a los vecinos. Recuperar y construir espacios para las artes demanda presupuestos significativos, planificación seria y la articulación del Gobierno Central y Regional, tal como en su momento se hizo con proyectos de escala como el GAM.
Pero vayamos más allá del edificio en sí: ¿qué tipo de espacio cultural necesita hoy Maipú?
Una comuna que supera los 600.000 habitantes no puede aspirar únicamente a un escenario con sillas o a talleres esporádicos. Maipú requiere un verdadero centro cultural integral, con un dinamismo similar al GAM, donde exista un intercambio constante para industrias creativas y emprendimientos culturales locales. Un espacio vivo que cuente con salas de ensayo profesionales para nuestros artistas, galerías continuas de exposición para pintura y artesanía, y zonas de encuentro comunitario.
Es insólito que en una de las comunas más pobladas de Chile no contemos con espacios que en otras zonas del Gran Santiago son cotidianos: no tenemos un café literario digno de ese nombre, ni contamos con una librería «como Dios manda» donde las familias y jóvenes puedan acceder al libro y la lectura.
El incendio del recinto de Pajaritos debe ser el punto de quiebre para exigir un esfuerzo mayor y serio. No necesitamos parches ni reconstruir la misma improvisación del pasado. Maipú necesita y merece una política pública de infraestructura cultural a la altura de su gente, lejos del populismo y cerca de la dignidad.
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PRESENTADO POR:

Abogado Consultor en materias de Derecho Administrativo, Derecho Urbanístico y Legislación Ambiental.





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